La fotografía publicitaria en la era de la IA: criterio, mirada humana y realidad profesional
Una reflexión desde el presente, con criterio y mirada humana
Este texto lo podría escribir dentro de seis meses y seguramente cambiaría algunas cosas.
La inteligencia artificial avanza rápido, a veces demasiado rápido como para sacar conclusiones firmes. Aun así, creo que merece la pena parar un momento y reflexionar sobre dónde estamos ahora, desde la práctica real y no desde el titular fácil.
Trabajo en fotografía publicitaria desde hace años. En los últimos tiempos, además, utilizo herramientas de IA en mi día a día. No escribo desde la nostalgia ni desde el rechazo, pero tampoco desde el entusiasmo ciego. Escribo desde la experiencia, desde lo que funciona y desde lo que no.
La IA no es el futuro, es el presente.
La pregunta, al menos para mí, no es si va a formar parte del proceso, sino qué lugar ocupa y quién toma realmente las decisiones.
IA y fotografía publicitaria: el ahorro de costes existe, pero tiene límites
Es evidente que la IA puede reducir costes frente a una producción fotográfica tradicional. En determinados contextos permite prescindir —total o parcialmente— de:
escenarios y decorados
localizaciones complejas
modelos y figuración
maquillaje, peluquería y estilismo
parte de la logística de producción
Para ciertos proyectos, presupuestos ajustados o fases concretas como bocetos, propuestas visuales o contenidos digitales de vida corta, la IA puede ser una solución útil.
Pero hay algo que no se ahorra, y no debería intentarse ahorrar: la dirección creativa.
El concepto, la intención, el mensaje y la coherencia con una marca siguen siendo decisiones humanas. Eso nace en la conversación entre cliente, agencia y fotógrafo. La IA puede ayudar a ejecutar o a visualizar, pero no decide qué necesita comunicar una marca ni por qué.
Mirada humana y mirada artificial no son lo mismo
Aquí está, para mí, el centro de todo.
La mirada humana trabaja con experiencia, intuición, memoria visual, cultura y emoción. Con errores conscientes. Con decisiones que no siempre son evidentes ni cómodas.
La mirada artificial trabaja con patrones, promedios y repeticiones. Puede ser muy eficaz visualmente, pero no tiene intención ni experiencia vital detrás.
Puede imitar estilos, pero no vivir procesos.
Puede generar imágenes atractivas, pero le cuesta entender por qué una imagen es auténtica o por qué funciona para una marca concreta.
En fotografía publicitaria, y especialmente en fotografía de producto, la autenticidad importa. No solo lo que se ve, sino lo que es creíble.
El supuesto ahorro de tiempo: no siempre es real
En los últimos meses me han llegado varios encargos en los que el cliente no tenía producto real. Solo una imagen generada por IA, normalmente en baja resolución, para “terminarla”: añadir una etiqueta, ajustar un diseño o convertirla en imagen comercial.
Se puede intentar, sí.
Pero la realidad es que muchas veces el resultado es técnicamente pobre:
resolución insuficiente
falta de detalle real
problemas de escala
incoherencias de material
imposibilidad de imprimir con garantías
En esos casos, se pierde más tiempo intentando salvar una imagen artificial que produciendo correctamente una fotografía desde el inicio.
La IA no siempre acelera. A veces solo desplaza el problema.
“La fotografía de producto ha muerto”: una afirmación demasiado simple
Se escucha cada vez más que la fotografía de producto ha muerto. Se muestran ejemplos hechos con un móvil y procesados con IA hasta convertirse en bodegones visualmente resultones.
Ese tipo de imágenes funciona bien en:
pantallas pequeñas
redes sociales
contenido rápido y efímero
Pero tengo serias dudas de que puedan sostener una campaña publicitaria mínimamente exigente, un catálogo, una gráfica de gran formato o una comunicación de marca coherente en el tiempo.
No es solo una cuestión estética. Es una cuestión industrial:
calidad
resolución
tamaño
repetibilidad
fidelidad al producto
La fotografía publicitaria no es solo una imagen bonita. Es un activo que debe poder imprimirse, escalarse y mantenerse coherente. Hoy, la IA todavía no llega ahí.
Donde la IA sí suma de verdad
Dicho todo esto, negar el valor de la IA sería absurdo.
Bien integrada, aporta mucho al flujo profesional:
herramientas avanzadas de retoque en Photoshop y Lightroom
ahorro de tiempo en tareas repetitivas
ajustes técnicos cada vez más precisos
Pero hay una línea clara:
cuando la IA empieza a modificar el producto, deja de servir al profesional.
Cuantas más iteraciones se aplican, más se altera forma, color o textura. Y en fotografía publicitaria de producto, eso no es aceptable.
Entonces… ¿IA, humanos o IA + humanos?
No es una elección excluyente.
solo IA: válida para bocetos, pruebas y contenidos rápidos
solo humanos: imprescindible cuando la marca, la calidad y la fidelidad importan
IA + humanos: el escenario más interesante hoy
La IA como herramienta.
El fotógrafo como criterio.
La mirada humana como valor diferencial.
No tengo una respuesta definitiva ni pretendo sentar cátedra. Tampoco sé exactamente hacia dónde irá todo esto dentro de unos años. Lo que sí tengo claro es que, mientras haya marcas que necesiten comunicar con coherencia, con intención y con responsabilidad, la fotografía publicitaria seguirá dependiendo de decisiones humanas.
Esta forma de entender hoy la fotografía aplicada a marcas y proyectos reales está directamente relacionada con cómo desarrollo la fotografía publicitaria en mi trabajo profesional.
Y eso, al menos de momento, sigue siendo un trabajo profundamente humano.